Todas somos esa chica que se ilusiona. Esa a la que vuelven a brillarle los ojos cuando lo ve. La que cuenta las horas para encontrarse. La que planea viajes y se mira dos veces más al espejo antes de salir de casa. Todas somos esa chica que manda mensajes bonitos. Aunque no haya respuesta. Una y otra vez. Todas somos esa chica que pide un beso. Y que como una tonta suplica que se quede a dormir... Todas somos esa chica que piensa que todo el mundo da como lo hace ella, sin pensar. Que cree que porque ella sienta muy rápido los demás también. Pequeña, abre los ojos de una vez. Quien quiere puede, y quien no pone escusas. Ese príncipe no existe. Vuelve a sacar la armadura y vamos a volver a empezar a poner los bloques del muro, ¿te parece? Sonríe. El sol volverá a salir mañana por el mismo sitio. Y nosotras volveremos a comernos el mundo...
Entradas
Mostrando entradas de agosto, 2017
MICROCUENTO IV
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Era una noche cualquiera de verano. De un día radiante con un sol estupendo para aprovechar en la playa. Una noche estrellada de las que dan ganas de tirarse en el suelo a mirar el cielo. De esas noches a las 3 de la mañana sin sueño que en nuestra mente sólo aparece una mirada... Era lo que más me gustaba de él. Sus labios, su pelo azabache, sus ojos, pero sobre todo su mirada. Tenía una forma de mirarme como si quizás estuviera viendo algo mágico, con un brillo en los ojos que lo hacía único. Esa mirada que se perdía mirando al mar y al siguiente pestañeo tenía una sonrisa que lo envolvía todo. De esas que cuando se posan en ti no puedes dejar de observarlas, aunque parezca descarado que intentas descifrar algo. Hipnotizantes. De las que no sabes que existen hasta que las tienes delante, y que, cuando se acercan lo suficiente para darte un beso, tienes que cerrar los ojos por esa luz cegadora que las envuelven. Era de esas miradas que no quieres que dejen de mirarte nunca...