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Mostrando entradas de diciembre, 2017
Tienes en tu cama al amor de mi vida. Eso para empezar. Quiero que queden claras las posturas frente a esto. Yo soy la que no puede tenerlo, la que está lejos y la que sufrirá cada día por saber qué hubiera pasado, la que se duerme cada noche pensando en él, la que lo hizo soñar ese verano pero se fue dejándolo solo, y tú tienes que ponerte en la postura de la salvadora, la princesa, la chica ideal que lo hará soñar y dormirse cada noche con una sonrisa. La buena del cuento, la que estará a su lado siempre. Tienes el deber de hacer que se olvide de mí. No intentes rendirte nunca o tendrás problemas conmigo. ¿Ves esa zona justo debajo de su espalda donde le queda la cintura del pantalón? Es mía. Es el punto exacto de su piel blanca donde empiezo y acabo yo, el cuadro que oculta la historia más bonita de Cádiz, el extremo del vértice que sostiene el millón de cosquillas que tiene y no dejaré que toques. Él ya sabe todo esto, y lo sabrá siempre. Ni se te ocurra tocarlo ni preguntarle n...

RESUMEN 2017

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Como cada año al llegar diciembre, me gusta volver la vista atrás y hacer un repaso del año que está a punto de acabar. Ha sido un año de lo más completito en todos los sentidos: laboral, personal, material, económico... Empecé el año pasando la primera noche en la planta de pediatría del Hospital Puerta del Mar, con nervios y ganas a partes iguales, para seguir con la boda de oro de mis abuelos, que reunió a toda la familia con lo que ello conlleva. Tuve un novio hijo de puta machista y que piensa (y no digo pensaba porque no creo haya aumentado su cultura general) que Estambul está en Francia. Estuve en Córdoba viviendo con mi Anita, lo que me unió mucho más a ella y toda su familia. Ya por marzo me entretuve dando cursos de RCP, una experiencia inolvidable que repetiremos de nuevo  este año. Nos fuimos a Granada de despedida de soltera y tuvimos la ¡esperada boda de mi Edu!. Y entre cenas, ensayos y reuniones me estrené como "actora" en el microteatro de mis amigos los ...
Era un turno bastante ajetreado, de los míos. Corriendo de un lugar a otro sin parar, entre analíticas, vías, medicaciones, pruebas e ingresos a los que no daba abasto. Cuando de repente llegó un mensaje suyo preguntándome si bajaba a comer, que él estaba tranquilo. Obvia era la respuesta, así que se ofreció a traerme el almuerzo. Y esa, es la imagen que nunca podré quitar de mi mente: ese chico guapo a rabiar, con la tranquilidad y la calma de un atardecer en la playa, allí plantado con su mayor sonrisa, y mi almuerzo. En medio de un caos de médicos, enfermeras y auxiliares corriendo sin parar de lugar a otro. Con esa sonrisa que hace que todo el mundo desaparezca a su alrededor, allí de pie, buscándome para que al menos comiera algo.  Recuerdo que se pasaron dos opciones por mi mente: besarlo o tortearlo para que viera en el Vietnam en el que estaba metido con esa tranquilidad tan pasmosa. Le sonreí, le di las gracias con todo mi corazón. Le miré a los ojos un instante y lo su...