Y EL MUNDO QUEDARÁ SIN SABERLO...

No podría contarle al mundo lo que bailan mis mariposas cuando sé que voy a verte. No podría expresar lo que siente mi piel cuando tus manos la rozan, ni lo mucho que se seca mi garganta hasta el punto de solo poder sonreir cuando me miras como si fuese magia. No podría describir tu voz cuando cantas esas canciones tuyas que yo antes no había escuchado, ni explicar la forma en la que te ríes (solo) al acordarte de algo. Hay un secreto en tus ojos que nadie entiende pero que me hipnotiza, y enciende mi punto débil de querer demasiado. Demasiado deprisa. No hay manera de escaparse del deshielo cuando me tocas, pero tampoco hay forma de evitar que me congele cuando me miras, me cojes la mano y me pasa como al niño que prueba por primera vez un granizado y se congela el cerebro por sorberlo tan rápido, pero aun sabiendo lo que pasa, sigue haciéndolo y le encanta. No podría decir, tampoco, cómo sonrío al escuchar tu nombre y el montón de imágenes que saltan a mi cabeza con esa sola palabra. No tendría vocablos para explicar el significado de tus manos entrelazadas a las mías, ni la paz de dormirme después de un beso. La noche tiene el cielo más bonito del mundo y tú la forma más bonita de verlo, aunque lo que más me guste sean esos, tus ojos. Has conseguido que lo efímero parezca eterno, y que la limerencia me atraiga hacia sus redes con la facilidad pasmosa de un chasquido de dedos. No se que has hecho para revolucionar poco a poco mi pequeño planeta, pero he de confesarte que me encanta. Que me mires y sonrías, también...
Pero el mundo quedará sin saberlo, porque si susurras, la magia desaprece poco a poco...

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